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sábado, 24 de noviembre de 2012

Entre todos tu

Hoy traigo otro párrafo suelto que me apetecía escribir :D

Allí estaba todo el mundo, observando a través de un cristal lo que parecía la mayor de las joyas, era un hombre, metido en lo  que parecía una urna, gigante, trasparente y dura.
Aquel hombre no era, ni mucho menos, el ser más perfecto de la historia. Por el contrario, sus ojos eran demasiado pequeños, su nariz quizás un poco grande, no tenía bellas melenas, si no un corto pelo castaño que continuaba hasta limitar sus labios de una forma mullida. No sonreía, pero cuando hacía ademan de abrir la boca, se podían observar dos dientecillos que asomaban por la puerta del alma.
La gente le observaba sorprendida, lo admiraban solo por la posición en la que estaba, y es que si estaba allí expuesto debía ser importante; sin embargo, nadie se paraba a pensar si aquel hombre se sentía bien, si estaba allí por propia voluntad, o le había encerrado como a un objeto para mostrarle como un bien preciado, como un tesoro que se muestra para dar de que envidiar a los demás.
Me acerqué con cuidado a la vitrina, el hombre no paraba de mirar hacia todos los lados, y parecía como asustado, pero por  un momento sus ojos se fijaron en algo más, en algo que aún no habían visto, en una joven mujercita que se acercaba hasta el cristal y le observaba, no tenía esa mirada de asombro que tenían los demás, no pensaba en cuantos millones costaría aquella "reliquia",no, su mirada más bien trasmitía piedad, tristeza, y consuelo, por una vez, sus ojos se fijaron en mi.
Me quité aquel guante de lana  que cubría mis manos, hacía frío, mucho frío, pero quería sentir el tacto de aquel cristal, quería trasmitir aquel atisbo de calor que hubiera en mi cuerpo, quería demostrarle mi apoyo, aunque no le conociera de nada, algo me había hecho actuar así, quizás esa mirada que brillaba tímida en su rostro, o quizás aquella expresión asustada, no podía estar segura, pero quería hacerlo.
Apoyé con cuidado mi mano desnuda sobre el cristal y noté como su mirada se centraba en ella, su mano, también se acercó al cristal, situándola junto a la mía.
Por un momento los ruidos de aquel lugar, se hizo el silencio, nadie nos rodeaba, o quizás si, quizás siguiéramos envueltos en la muchedumbre que gritaba intentando llamar la atención, quizás ahora nos observaran anonadados, pero no importaba, yo no podía oírlos. El frío también había desaparecido, y el calor fulminaba en una corriente desde mi mano, recorriendo todo mi cuerpo, llenándolo de una sensación maravillosa, calmante y relajante. No pude evitar cerrar los ojos, disfrutar de aquel momento que llenaba mi alma, incluso noté que el cristal que nos separaba desaparecía y podía acariciar aquella piel que emitía ese calor tan suave y a la vez ardiente que estaba borrando todo rastro gélido de mi cuerpo.
Cuando abrí los ojos pude ver como me observaba, tenía una sonrisa en el rostro que le hacía rejuvenecer un par de años, sus ojos ya no brillaban tímido, si no que alumbraban con claridad, aclarando la oscuridad que solía envolverme.
No podría describir lo que había pasado en aquel momento, pero había sido la experiencia mas reconfortante de mi vida. 
Aquella sonrisa me acompañaría hasta el fin de mis días.

Bueno, espero que os haya gustado este pedacito de mi, tan metafórico :)
Espero comentarios, opiniones, críticas y de más.
Un beso enorme BLOGGEROS!!!

martes, 13 de noviembre de 2012

FUEGO

- ¿Por qué has venido? - Su voz sonaba entrecortada, sus ojos brillantes estaban achicados y despegaban un brillo translúcido, cubierto del humo que les rodeaba
- No podía dejarte, ¿Pensabas que te abandonaría a tu suerte? 
- No debiste venir, vamos a morir,  escapa, si aún puedes, pero no te quedes, no podría vivir con el cargo de conciencia de que acabé con tu vida - su voz sonaba preocupada, pestañeó un par de veces, de forma seguida, molesto por los rastros de polvo que se levantaban de los escombros.
- Míralo por el lado bueno, este es el fin, nadie tendrá que vivir con la conciencia de nada
- ¿No lo entiendes? ¿No tienes miedo? ¿Estás loca?
- Créeme, entiendo más de lo que piensas, entiendo todo lo que sucede, y entiendo que este es el fin, ¿Miedo? No puedo tener miedo, porque estoy a tu lado, y a tu lado cualquier mal desaparece, cualquier dolor se cura y cualquier herida se borra - Sus pequeñas manos agarraron las manos de aquel hombre que la observaba con lástima en la mirada - En cuanto a lo de loca, si, lo estoy, estoy loca por ti, desde el momento en que tu sonrisa se coló en mi vida, pero escúchame, la vida de los cuerdos es muy aburrida, donde exista la locura que desaparezca la razón.
Sus miradas se cruzaron, aquellos dulces ojos que iluminaban ese rostro infantil le observaban con cariño, aquella niña que portaba en ese momento sus manos entrelazadas con las suyas le había llegado al corazón, siempre había sido especial, diferente al resto de jovenzuelas que se paseaban por las calles intentando llamar su atención, siempre había tenido un halo de misterio, una pizca de timidez y una luz infantil que la habían caracterizado. Aquella joven que no dejaba de sonreírle podía pasar de ser el ángel más tierno e ignorante, a la mujer mas inteligente y experimentada, y solo requería de la situación en la que se encontrara.
- ¿Nunca dejas de sonreír? - preguntó curioso, maravillado por la sonrisa de aquella criatura dulcificada.
- No, no mientras que tu estés aquí, tu me enseñaste a sonreír y te convertiste en la razón de mi sonrisa. si tu estás, no pueden caer más lágrimas por mis ojos. 
- ¿Por qué? ¿Por qué este aprecio, este cariño del que no soy merecedor? ¿Por qué arriesgas tu vida en vivir los últimos minutos de la mía?
- Porque cuando no tenía nada, cuando estaba en la más grande de las oscuridades conseguiste que sonriera, porque tu me enseñaste que un sueño se puede cumplir si luchas hasta el final por él, porque aunque nadie lo sepa, eres distinto, eres diferente, no eres como todos creen, tienes algo dentro que te hace ser ese mendigo que se convirtió en príncipe para enamorar a la princesa de Disney... Porque te quiero.

El fuego consumía ya la madera que les rodeaba, el techo comenzaba a desmoronarse sobre ellos, pronto todo cedería sobre el peso, sobre las ardientes llamas que lo devoraban todo en aquel incendio, pronto sus días serían reducidos a cenizas, ya no había marcha atrás.
La rodeó con sus brazos y apoyó su cabeza sobre su hombro, sintió como cerraba los ojos apoyada en su pecho, notó su entrecortada respiración y el pulso de un corazón que no cabía en ese pequeño y delicado cuerpo.
Y entonces le susurró al oído, una sola palabra, aunque para ella fue el mayor de los logros escucharla.
- Gracias...